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La Paz 01 de Junio de 2020, 00:00
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PARTIÓ UN GRANDE LEONARDO FAVIO

Uno de los más grandes cineastas de la Argentina se fue este mediodía. Leonardo Favio, aquejado desde hacía años por graves problemas de salud, murió hoy a los 74 años. Estaba internado desde hacía varios días y falleció acompañado por familiares y amigos.

Cineasta por sobre todas las cosas, aunque en el imaginario popular su faceta de cantante cobra peso, Favio había nacido en mayo de 1938 en la ciudad mendocina de Luján de Cuyo. En su documento figuraba el nombre de Fuad Jorge Jury. Su padre abandonó el hogar cuando era muy chico y su madre, la escritora y locutora Manuela Olivera, le dio ímpetu artístico. No pasó una infancia fácil, con varias estancias en institutos de menores y un conocimiento de primera mano de la pobreza. Su filmografía admite varias lecturas de contraposición. Una primera etapa, hasta mediados de los 70, no sólo de calidad sino profusa.

Una segunda, en los últimos años, con filmes más espaciados y de larga producción. También se puede pensar en su primer cine como marcado por el intimismo y el blanco y negro (Crónica de un niño solo, por ejemplo); y en sus siguientes películas como una explosión de colores y vivacidad (Juan Moreira, un clásico). También fue actor. Desde ese lugar empezó a forjar su vínculo con el cine y estrechó la mano de su principal padrino, Leopoldo Torre Nilsson, con quien filmó películas como La mano en la trampa, El Secuestrador. La relación con el prolífico cineasta era, como casi todo lo que emprendía, pasional: Graciela Borges contó alguna vez que en el rodaje de Fin de Fiesta se agarró "a piñas" con Favio porque le dijo que no le gustaba una película de Torre Nilsson.

Su principal hito en la pantalla grande fue Nazareno Cruz y el lobo, un fenómeno irrepetible de taquilla que convocó a casi 3 millones y medio de personas en los cines. Pero antes y después realizó películas que dejaron huella en posteriores generaciones de cineastas. Como Soñar, soñar, por ejemplo, que fue estrenada poco antes del golpe de Estado de 1976 y duró pocos días en cartel por su contenido político. Luego llegó el exilio. Es que su cara política tuvo alta exposición con el peronismo, pasión que volcó en su documental Perón, sinfonía del sentimiento. Fue un artista militante y se enojaba con lo que él mismo definía como "disfrazados de peronistas". Su voz quedó adherida para siempre a ese preámbulo de la violencia política en la Argentina que fue la masacre de Ezeiza. Favio era el animador oficial de la trunca recepción a Juan Domingo Perón en junio de 1973. Su nombre quedó grabado también en la música popular.

Pero con la música tenía una relación basada en el agradecimiento respetuoso. "Me permitió vivir con dignidad", sostuvo en una entrevista. Tuvo hits como "Ella ya me olvidó" y "O quizás simplemente le regale una rosa". Y con "Fuiste mía un verano", con sus versos "Cada piba que pase / con un libro en la mano / me traerá tu nombre / como en aquel verano" entró definitivamente al cancionero argentino. Sus últimas apariciones con cierta asiduidad se habían dado durante el proceso producción de Aniceto, de 2007, su última película y relectura en clave de ballet cinematográfico de un clásico propio de 1966. El filme arrasó en los premios Cóndor de Plata. Sumó nueve, incluyendo los de mejor filme y mejor director. Su siguiente proyecto, demorado e inconcluso, iba a llamarse "El mantel de hule". Como una definición de sí mismo, el título partía de unas declaraciones suyas en las que se confesaba incapaz de contar cómo se ponía una mesa en alguna mansión de la avenida Fi­gueroa Alcorta. Pero afirmaba que sí sabía narrar la mesa del mantel de hule.

           

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